Dios permanece

En aquel tiempo, como dijeran algunos acerca del Templo que estaba adornado de bellas piedras y ofrendas votivas, Jesús dijo: «Esto que veis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea derruida».

Le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo sucederá eso? Y ¿cuál será la señal de que todas estas cosas están para ocurrir?». 

Él dijo: «Estad alerta, no os dejéis engañar. 

Porque vendrán muchos usurpando mi nombre y diciendo: ‘Yo soy’ y ‘el tiempo está cerca’. 

No les sigáis. 

Cuando oigáis hablar de guerras y revoluciones, no os aterréis; porque es necesario que sucedan primero estas cosas, pero el fin no es inmediato». 

Entonces les dijo: «Se levantará nación contra nación y reino contra reino. Habrá grandes terremotos, peste y hambre en diversos lugares, habrá cosas espantosas, y grandes señales del cielo».

Lucas 21,5-11

Este evangelio nos enseña lo relativo que puede ser todo lo bello que se encuentra en el mundo. 

Todo pasa. 

Las cosas que un día fueron, ya no son; lo que ahora nos admira llegará un día en que no quedará rastro de ello. Lo único que permanece es Dios. 

Es lo único que no cambia, que no muta.

Ya la carta a los Hebreos nos dice que “Cristo es el mismo de ayer, de hoy y de siempre”. 

¿Por qué, entonces, estar tan preocupados por lo que es pasajero? 

Pongamos nuestra atención y verdadera preocupación en lo que es eterno, en lo que permanece. 

Por ello el apóstol San Pablo decía: “el amor no pasará”. 

Esforcémonos en cultivar y hacer crecer el amor, es lo único que perdurará, es lo único que les dejaremos a las generaciones futuras.

Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. 

Ábrele tu corazón.

Como María, todo por Jesús y para Jesús.

Pbro. Ernesto María Caro
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